"NO TE CAMBIO"
Juan Algaba
Director PLATAFORMA DINAMIS
Allí estaban los discípulos, en la barca, en medio del mar. Las olas azotaban la pequeña barca de un pescador cualquiera. El viento era cada vez más fuerte, esa pequeña barca parecía de papel. “¡Esto es tremendo, nosotros aquí a punto de morir y… ¿dónde está Jesús?” diría alguno. “Oh Dios, vamos a morir. ¡¡No!!, Tan pronto no! Déjanos tener por lo menos nuestro ministerio” añadiría Jacobo. “Ey!! … Pedro, ¿qué miras? ¿qué pasa?” “Nada Andrés, me parece ver a alguien caminar sobre el mar” “¡¡Imposible!!” (dijo Tomás) “Será un fantasma” “Lo que nos faltaba” “¡¡¡Socorro!!!” “Voy a dejar a mis hijos huérfanos y mi pobre mujer… viuda tan joven.” “Solo nos queda llorar.” “Aaaaaaah!!” En medio del fuerte griterío, se escucharon estas palabras:
“¡Tranquilos! ¡Tened ánimo, pues Yo Soy, no temáis!”
“¿Quién, quién ha dicho que era?” “No sé, pero parece que era Jesús” “¿Jesús? Imposible, Él nos espera en la otra orilla. Además, nadie puede andar sobre el mar, ¿no?” “Anda Tomás, calla.” -dijo Pedro- “Señor, si eres Tú, manda que yo vaya a Ti sobre las aguas, e iré.”
Y Jesús tan solo dijo: “Ven.”
Y allí estaba Pedro, caminando sobre el mar mientras que sus compañeros estaban alucinando con lo que veían. No daban crédito. Pero algo ocurrió... la vida de Pedro "corría peligro", se estaba ahogando, pero... ¡hey! Está clamando a Jesús. Y éste le da la mano y lo levanta.
¿Sabes? Sacamos dos puntos claves de esta historia:
1- Por lo general, el llamado de Dios es simple. “Ven”. Eso fue lo que dijo Jesús. ¿quién fue capaz no solo de escucharlo, sino de obedecerlo? Quien tuvo fe. Vas a ver maravillas de Dios tan solo por obedecer a Su “ven”. Aunque parezca imposible, aunque la tormenta que se nos viene encima es ochenta veces mayor que está aquí narrada, obedece a Su Palabra. Porque en momentos de “tormentas” será lo que nos haga ver Sus maravillas.
2- No te quedes con las maravillas, quédate con Él. Pedro experimentó el perfecto amor de Jesús en el momento que respondió a su angustia sacándolo del agua. Cuando uno ve y experimenta el amor de Dios, y le conoce a Él y se conoce a uno mismo, no puede hacer otra cosa sino que preguntarse: ¿por qué? ¿por qué tanto amor? ¿por qué tanta bondad? ¿por qué tanta preocupación por mí? ¿por qué tantas esperanzas puestas en mí? Yo tan solo te quise seguir a Ti, y Tú me recompensas con esto. Porque... ¿a dónde iré, Señor, si sólo Tú tienes palabras de vida? Si sólo Tú me levantas cuando a Ti clamo. Si sólo Tú haces que mi corazón se encoja y se ensanche al mismo tiempo.
Te sigo diciendo Señor: Me quedo contigo, no te cambio.